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La Marca Del Este – Ravenloft – Crónica 1ª parte

Hace poco terminamos de jugar el clásico Ravenloft adaptado por Pablo (@diacritica) para Aventuras en la Marca Del Este. Fueron varias sesiones fantásticas con un poco de todo y tirando mucho de banda sonora de la película de Drácula de Coppola y de la de Entrevista con el Vampiro.

Aquí vamos con la primera crónica de la aventura siguiendo el formato de diario de mi personaje Sharra Nirthanbei.

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Día 1

He recibido un encargo “interesante”. No puedo negarme a realizarlo, es una petición muy especial, de las que no pueden ser ignoradas a la ligera. No me gusta demasiado y menos aún que otros parecen haberlo intentado ya.

El objetivo no puede ser más claro. El Señor de Barovia quiere librarse de un sujeto que amenaza a los aldeanos de la región, todo muy noble por su parte, pero me pregunto por qué no habrá mandado a su guardia para hacerlo. Tampoco hay una paga propiamente dicha, “cualquier cosa que encuentres” es la recompensa.

Hay muchos rumores sobre la antigua y aislada región de Barovia, no llegan noticias de ella y no hay muchos viajeros, si es que hay alguno, que se aventure en ella. No he encontrado demasiado sobre su historia, sobre Lord Strahd, su gobernante, o sobre lo que puedo esperar encontrar allí. ¿He dicho ya que no me gusta nada como suena este trabajo? Precisamente por eso he escrito a ciertas personas con las que trabajé hace unos meses. No me importa compartir la recompensa mientras esté viva para hacerlo. Creo que salvo Galian, los otros dos pueden encontrar razones lo suficientemente atractivas como para embarcarse en esta empresa sin más que la promesa de “lo que encuentres”. Barovia es antigua y posee poderosos secretos que seguro atraerán el interés de Lakus. Saddin, por su parte, dudo que pueda resistirse a la tentación de librar al mundo de algún mal, ¡paladines!

La fecha se aproxima, los mensajes que envié sé que han llegado a sus manos, sólo queda saber si responderán o no.

Día 2

Fue interesante encontrarnos de nuevo tras algunos meses. No sé muy bien qué esperaba de esta reunión, en cualquier caso, todo fue mejor de lo que esperaba. Galian y Lakus llegaron los primeros y más tarde se unió Saddin, a lomos de un bestial caballo negro y cubierto de pieles, con un aspecto salvaje que le hacía destacar más aún si cabe.

Lo que he podido decirles es que se me ha ofrecido un trabajo para librar a una población de la amenaza de un individuo llamado Varikov bastante peligroso y fuera de control que ataca constantemente a sus habitantes. Lord Strahd desea que alguien se ocupe de esta amenaza a su gente. Tal y como me dijeron a mí, la recompensa es lo que podamos encontrar.

[…]

Día 16

Durante dos semanas hemos viajado hacia el norte, hacia el Bosque Umbrío rodeando Ungoloz por caminos largo tiempo atrás usados por los elfos antes de la llegada de las tribus itinerantes.

La posada está a un día de viaje del bosque y aunque fuera la noche se presenta fría y muy húmeda podemos darnos por satisfechos por contar con un techo sobre nuestras cabezas. Sin embargo, la sensación de que nos acercamos a nuestro destino ya ha hecho acto de presencia. Durante la cena un hombre alto, embozado en una capa y sombrero negros ha irrumpido en el salón. Todos los parroquianos han agarrado sus cervezas y agachado la cabeza intentando francamente fundirse con sus mesas y desaparecer.

‘Es de esos que quita la cerveza a la gente’, el comentario de Lakus siempre preparado en sus labios ha roto la tensión.

El hombre se ha acercado a nuestra mesa y nos ha entregado un mensaje del burgomaestre de Barovia, Kolyan Indrilovich referente a un mal que afecta a una Irina Kolyana.

Así que parece que empieza nuestra aventura.

Día 17

Salimos de la posada con las primeras luces del amanecer. A medida que pasaban las horas, en lugar de abrir el día y recibir la luz del sol, una espesa neblina nos fue envolviendo lentamente, cuando llegamos al bosque no parecía que fuese de día y la densa espesura restaba más luz aún al decadente día. Pronto estuvimos rodeados por árboles de una antigüedad pavorosa pertenecientes a lo que en edades pasadas fuese el corazón de un inmenso bosque. Galian, siempre más perceptiva a las señales de la naturaleza, sentía una profunda desazón y un malestar que destilaba de cada árbol y criatura del bosque.

Pronto empezamos a oír los intermitentes aullidos de lobos en la distancia. Así, entre la niebla, el bosque cerrándose en torno a nosotros y los amenazadores aullidos avanzamos por el bosque en silencio. Al caer la tarde alcanzamos un claro en el que se elevaba una enorme puerta enrejada que parecía dividir el bosque en dos. La puerta estaba flanqueada por dos gigantescos guardianes de piedra cuyas cabezas decapitadas yacían en ruinas a sus pies.

Animando a nuestros caballos a seguir, alcanzamos las puertas. Al acercarnos un chillido rompió la paz del bosque y las puertas empezaron a abrirse lentamente. Tras ellas el camino continuaba hundiéndose en un muro de niebla. Azucé a mi caballo pero se negó a moverse y desobedeciendo mis órdenes giraba la cabeza y se daba la vuelta evitando cruzar las puertas a toda costa. Desmonté y lo mismo hicieron mis compañeros cuyos caballos se resistían girando y piafando descontroladamente al intentar reconducirlos a la puerta.

Nos adentramos en la niebla y perdimos de vista a nuestros caballos en sólo unos segundos. Saddin desenfundó su espada murmurando que el mal se reflejaba en todas direcciones. Le imitamos y seguimos avanzando adivinándonos los unos a los otros entre los altísimos árboles que flanqueaban el camino. ‘Aquí sólo hay muerte’, la voz de Galian se abrió paso entre la niebla.

No sé cuánto tiempo caminamos por aquel camino de pesadilla, envueltos en la enfermiza luz blanquecina que reflejaba la niebla, bajo la amenaza de los árboles y los aullidos de los lobos como único acompañamiento al crujido de la tierra bajo nuestros pies, pero, en lo que a mí respecta, podrían haber sido meses.

Poco a poco la niebla se fue despejando y el bosque fue dando paso a las primeras edificaciones. Llegamos a un pueblo decrépito, de calles abandonadas, ventanas cegadas con tablones y comercios largo tiempo cerrados. Al ir acercándonos al centro detectamos los primeros signos de vida con una taberna abierta, alguna tienda y el sonido de gente moviéndose tras las puertas. A pesar de haberse levantado la niebla, el sol no brillaba y la luz gris y plomiza se fundía con las casas marchitas en un mundo sin colores.

Seguimos avanzando, tomando nota de los extraños signos que plagan este pueblo; el llanto lastimero proveniente de una de las casas, las marcas de garras de lobos en muchas puertas y ventanas, la ausencia de sus habitantes.

Entramos en la taberna La Sangre de la Niña, apenas media docena de personas se encontraban en ella. Varios gitanos, un hombre joven y el tabernero. Saddin se acercó al tabernero mientras éste le lanzaba una mirada desconfiada. El paladín inquirió una y otra vez por el burgomaestre mientras él limpiaba una jarra tras otra sin levantar la vista. Me dirigí al hombre joven y le pregunté lo mismo. Profundas ojeras marcaban los rasgos de un rostro que había perdido la luz de la juventud. Se presentó como Ismark, el hijo del burgomaestre.

Salimos de la taberna siguiendo a Ismark y mientras caminábamos tras él averiguamos que el llanto que seguimos oyendo es de la madre de una niña desaparecida días atrás.

La visita a la casa de Ismark probó ser de lo más reveladora. Por un lado conocimos a su hermana adoptiva, Irina, y por otro descubrimos que el mensajero que se nos acercó en la posada antes de llegar a Barovia no es el que envió su padre.

La información que hemos conseguido de ellos es un tanto confusa. El pueblo es atacado frecuentemente por lobos bajo el mando de Varikov el Loco, sin embargo la casa de Irina e Ismark es atacada por otro tipo de lobos, huargos, cuyos ataques ellos atribuyen a Lord Strahd, el motivo según Ismark es que quiere hacerse con Irina. Sea cierto o no estos dos hermanos son algo extraños. En cuanto entramos en la casa, después de un rato intentado convencer a Irina de que nos dejara entrar y con un poco de persuasión luminosa por parte de Saddin, nos dimos cuenta de que había un penetrante olor a podrido. Aún tienen el cadáver del padre en su dormitorio, ¡después de diez días muerto!

Como parece que es nuestro sino nos pidieron que les ayudáramos a enterrarlo. Saddin lo ha preparado todo, ha ofrecido sus oraciones y hemos terminado con el putrefacto asunto.

Eso sí, al menos tenemos por donde empezar. Nos han indicado un campamento de gitanos que tal vez puedan darnos alguna pista sobre Varikov y un lugar por el que empezar a buscarlo, las Cataratas Tsar, además de una información un tanto extraña sobre unos espíritus que se ven cada noche.

Antes de irnos a dormir en esta cochambrosa casa que nos han ofrecido los hermanos, Saddin ha sugerido que hiciéramos una visita al templo local. El lugar, en la cima de una colina, está medio en ruinas y tanto el pequeño edificio como el cementerio son atentidos por un solo clérigo.

El hombre tiene un aspecto terrible, sus ojos hundidos y enrojecidos, hablan sobre incontables noches de insomnio rezando para proteger el lugar sagrado que custodia. Pero su mente se mantiene clara y ahora sabemos que ciertamente hay dos tipos de ataques, los de Varikov, que se producen en cualquier lugar del pueblo o el bosque, y los que él también atribuye a Strahd y que se concentran en el pueblo. También sabemos algo más sobre los espectros de los que hablaba Irina. Cada noche, desde las tumbas que cuajan el cementerio, una extensa compañía se levanta armada y dispuesta y marcha hacia el oeste, hacia el castillo de Lord Strahd. Son los espíritus de guerreros venidos de todas partes para acabar con el mal que asola el valle y que aún en su muerte intentan cumplir la misión en la que fracasaron en vida.

Vamos a pasar la noche en una casa en el pueblo que pertenece a los hermanos, supongo que están asustados pero no tanto como para que quieran que durmamos en su casa, o tal vez es que no se fían de nosotros…

Preciosos cuentos de terror antes de dormir… ahora voy a intentar conciliar el sueño, ha sido un día largo y poco halagüeño.

 

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