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La Marca del Este – Cantemos junto al fuego – Crónica

He aquí una nueva crónica de las aventuras de nuestros personajes en La Marca del Este. Esta crónica corresponde a la aventura Cantemos Junto al Fuego en el Camino Maticora que escribió Pablo y que se incluyó en la Caja Azul de La Marca. Cronológicamente está entre la última de La Profanación y Ladrones de Cadáveres. Como siempre, es un extracto del diario de Sharra Nirthanbei.
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Vigésimo quinto día

Hasta ahora el Camino Mantícora se ha portado bien con nosotros y no hemos tenido ninguna sorpresa desagradable. Estamos a pocos días de Robleda y, por tanto, acercándonos a la parte más transitada y segura del mismo. Esta noche volveremos a pasarla a la intemperie pero creo que mañana ya encontraremos alguna posada que nos vaya devolviendo a la civilización.

Vigésimo sexto día

No debí haberme congratulado tan pronto del final del peligro. Parece que siempre, esperando tras un recodo del camino, hay alguna sorpresa para el viajero aburrido.

Caía la noche cuando divisamos unas hogueras junto al camino. Con cautela, aprovechando la oscuridad, nos acercamos lentamente. Alrededor de tres o cuatro fuegos, se distribuían varias personas protegidas por un carromato de vivos colores y una media docena de caballos.

Un viajero nunca puede ser demasiado cauto cuando su camino se cruza con el de extraños, así que cuando Saddin propuso dar un rodeo y evitarlos completamente, a los demás no nos pareció un mal plan. Sin embargo, antes de que nos diera tiempo a movernos alguien nos gritó: “¿Queréis pasar un buen rato?”

Sin posibilidad de pasar inadvertidos, aceptamos su invitación, no sin cierta resignación y le seguimos al campamento.

Una parte del grupo lucía ropas gastadas de vivos colores y rostros polvorientos y cansados de interminables noches en el camino. Los caballos unidos al carromato de estridentes colores tampoco tenían mejor aspecto y, sin embargo, en el grupo había algunos que llamaban más la atención por su ropa demasiado parecida a la nuestra y una pose ligeramente amenazante.

Nos saludaron efusivamente, presentándose como la Companía de Hylga el Fortachón. Además del propio Hylga, la compañía la formaban otro tipo fuerte llamado Brundal, varios saltimbanquis llamados Tasna Tali, Nirmid Lau e Ivanen, dos lanzadores de cuchillos: Nariel y Likan Geyr, Gornir el mago, un malabarista llamado Zelfrid Ennadra y Arcturus, encargado del atrezzo. Tras una presentación eterna en la que Likan Geyr intentó impresionar al impasible Lakus lanzándole tres cuchillos, él devolvió la cortesía presentándonos lacónicamente.

El pintoresco grupo se dirigía al Bosque Real y pronto tendrían que abandonar la relativa seguridad del Camino Manticora. Nos aseguraron profusamente que nuestra venida era un regalo e insistieron en que querían contratarnos para escoltarlos hasta allí. Nada más lejos de nuestras intenciones, puestas en la llegada a Robleda lo antes posible.

Después de tantas semanas viendo únicamente los mismos rostros, no puedo decir que fuese mal recibida la invitación a cenar con ellos. A pesar de las sospechas que pudieran despertar, nos dejamos llevar por el ambiente festivo, los eventos de las semanas anteriores parecían quedar atrás entre las canciones y la alegría de la comida compartida con aquellos viajeros. Lakus se unió rápidamente a la fiesta, sumando su voz a las canciones de los artistas y yo no pude dejar de sentir la música recorriendo mi sangre y moviendo mi cuerpo a su alegre son.

Estábamos así entretenidos cuando Hylga propuso una partida de ¡Navío, Capitán, Tripulación! Saddin protestó que no tenía dinero, algo harto preocupante para un empleador, he de decir. Pero Lakus se unió inmediatamente e incluso Galian y yo participamos en un par de rondas. La apuesta, un supuesto mapa del tesoro pirata de Hylga contra 100 mo de oro de Lakus. Las rondas se sucedieron rápidamente sin que el elfo se rindiese y Hylga sólo pudo contemplar como el elfo le ganaba su mapa.

Apenas hubo terminado la partida Brundal se acercó a Hylga y le susurró algo al oído, el mago Arcturus, también presente, les observaba con semblante serio. La música cesó y Hylga nos dio una vaga excusa sobre algún problema. No muy satisfechos con su explicación, conseguimos espiar la verdadera razón de su preocupación: Gornir había tenido una visión que auguraba problemas en Robleda. Sin inmiscuirnos en los problemas de la banda, nos limitamos a observar el barullo general. Sin embargo, en medio de aquel súbito caos, me dí perfecta cuenta de que Zelfrid se mantenía alejado y extrañamente pálido. Me acerqué a él casualmente, sin querer llamar la atención pero el mago, que estaba al tanto de todo lo que estaba sucediendo, me interceptó antes de poder interpelarlo.

Cualquier intento que hicimos de hablar con alguno de los miembros de la troupe a solas fue en vano, Hylga y Gornir tenían un control absoluto sobre lo que ocurría y lo que se decía en el campamento. Nuestras sospechas no dejaban de crecer pero preferimos dejarlo estar de momento, intentando evitar que la situación se deteriorase aún más y, si era posible, averiguar qué se traían entre manos.

Al irnos a dormir la situación se tranquilizó en apariencia y nuestros anfitriones cambiaron de táctica. Lakus empezó su guardia con Nariel, quien se insinuó al elfo sin sutileza. Tratábamos dormir cuando una luz se encendió en el carromato y empezamos a escuchar un quedo sollozo. Arguyendo algo acerca de unas ya conocidas pesadillas de Zelfrid, Nariel desapareció dentro del carro. Dispuestos a averiguar algo más, esperamos a que volviera a salir y, mientras era el elfo el que ahora la entretenía a ella, yo intenté escabullirme sin demasiado éxito, por el momento.

Terminada la guardia de Lakus y Nariel, siguió la de Galian y Brundal. Brundal, en una alarde de amabilidad, ofreció una bebida caliente a Galian. ¡Qué considerado! Todo un detalle si no fuera porque ella detectó rápidamente el leve olor de un poderoso narcótico en ella.

De nuevo empezaron los sollozos dentro del carromato y esta vez Brundal fue el que entró. Aprovechando su distracción pude acercarme y oír cómo regañaba a alguien, hablándole de órdenes e intentando acallar las respuestas desesperadas del otro. Esperé a que saliera para colarme dentro y hablar con su ocupante y ¡maldita la hora! El niñato desgraciado se puso a gritar como un poseso. Salí rápidamente y me oculté fácilmente mientras Galian retrasaba al forzudo.

En la confusión del momento vimos cómo cuatro de los artistas se alejaban del carromato y el resto se acercaban con decisión. Saddin se acercó a los que se habían alejado con la idea de sacarles algo ahora que los otros estaban distraídos. Entre frases inconexas sólo consiguió confirmar que estábamos en peligro.

Entonces, la puerta del carro se abrió de golpe y el rugido de la voz de Hylga: “¡Se acabó ya la farsa! ¡Acabad con ellos!”

Lakus reaccionó inmediatamente y una poderosa bola de fuego salío de entre sus manos envolviendo a los cinco “artistas” que se enfrentaban a nosotros. Gornir cayó muerto en el acto y el resto fueron despedidos en todas direcciones severamente chamuscados.

Mientras tanto Galian ya había preparado su arco y una flecha volaba para hundirse en el pecho de otro. Brundal corrió con su espada desenvainada y Nariel lanzó un cuchillo a Galian que no encontró su objetivo. En la confusión del momento, me coloqué sigilosamente detrás de la mujer pero estaba demasiado alerta y mi intento de degollarla acabó con mi daga envenenada hundida en su espalda. Cayó al suelo aún con vida pero sin esperanza de salvación. “Deja los cuchillos, preciosa”, fue lo último que escuchó antes de que la degollara.

En ese instante, otra bola de fuego fulminó a Brundal y a Arcturus. Hylga, sobrepasado tan rápidamente, se refugió detrás del carro gritando que podíamos llegar a un acuerdo. El muy cobarde…

Saddin rodeó lentamente el carromato y envainó su espada invitando al guerrero a hacer lo mismo. Con las espadas envainadas Saddin intentó razonar con él mientras Lakus sacaba del carromato a Zelfrid y Galian vigilaba a los cuatro que se habían mantenido al margen.

Al acercarme a Saddin y Hylga ví cómo éste intentaba atacar al paladín estrellando su espada contra el imponente escudo de Saddin. Aún así él no cesó en su intento de que dejara la lucha.

Tomando el lugar de Lakus, Galian con los cuchillos desenvainados, abrió la puerta del carromato. “Deja lo que estés haciendo y sal”, gritó. Y así Lakus y yo fuimos a echar una mano al paladín. Hylga, sobrepasado y debilitado se dio por vencido finalmente y dejó caer sus armas.

Lakus, sin miramientos, le obligó a arrodillarse y le ató las manos con el cinturón. Una vez terminada la operación, le rodeó y le propinó una patada en la entrepierna, por la hospitalidad imagino.

Mientras tanto, dentro del carromato Zelfrid, sollozaba “¡Ayudadme a salvarlo!”, mientras sostenía una jaula con un maravilloso ave. Nunca en mi vida había visto una ave de esa especie pero la reconocí al instante, era un bellísmo caradrio, un ave legendaria de poderosas habilidades curativas. El ave estaba muy herida, aparentemente muerta, y llevaba en una de sus patas un extraño anillo.

Zelfrid se vino abajo entonces y, bajo la despreciativa mirada de Hylga, contó que el ave era en realidad Primus Ermegar, único hijo de Lucius Ermegar. Lo habían secuestrado y transformado en esa ave aprovechando una planeada actuación circense hacía unos días en el castillo de Ermegar. Zelfrid alertaba siempre entre sollozos que moriría si era devuelto a su forma original en ese estado moribundo.

Nos quedamos atónitos pero no podíamos perder el tiempo, debíamos tomar una decisión sobre qué hacer con él. Saddin apostó por llevar al pájaro al hombre que había encargado su secuestro, Tiran Roblealbo, un poderoso comerciante de Robleda, pero yo defendí que devolverlo a su padre sería mas ventajoso, por la cercanía y los evidentes beneficios de devolver a un poderoso padre a su único hijo.

Una vez decidido que devolveríamos a Primus a su padre, Saddin intentó sanarlo pero se enconraba bloqueado y la energía se negaba a manar de sus manos. Por lo poco que sé de estas cosas, imagino que su dios no debía estar de muy buen humor. No se puede confiar en los dioses, está claro.

Dejamos marchar a los verdaderos artistas, forzados a seguir las órdenes de Hylga y su grupo como tapadera, y nos encaminamos al Castillo Ermegar. Con nuestros dos prisioneros y el pájaro.

Vigésimo séptimo día

Esta noche, Saddin le ha quitado el anillo al caradrio, ha sido una apuesta arriesgada, pero el pájaro se ha transformado en el muchacho herido. Primus nos ha dado las gracias y nos ha contado que le atacaron a traición, en su propio castillo. La herida que tiene en el pecho se la hizo él mismo, intentando matarse para que no le usaran como rehén. Parece un muchacho con demasiadas ideas locas en su cabeza e instintos trágicos y exagerados.

Mañana llegaremos al castillo.

Vigésimo octavo día

Esto sí es disfrutar, esta noche he dormido en una cama de verdad, después de todas estas semanas en los caminos. Me he lavado y me he cambiado la ropa del camino por ropa limpia y elegante. Hemos sido atendidos y generosamente recompensados por Lucius Ermegar y un nuevo contrato para alguien con mis talentos me ha sido ofrecido de forma anónima durante la cena (creo que es el propio Lucius que busca venganza). Un final adecuado para un camino ajetreado. Ahora sólo queda que Saddin cumpla con sus compromisos monetarios y podré volver a mis quehaceres habituales.

 

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La rudeza con que trate a Hylga es por su gran descaro. El muy canalla se atrevio a ofrecer la gratitud de los feriantes de forma gratuita y traicionera. No se que le acabo haciendo Lucius, pero se lo gano a pulso.

 

 

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